Libros que sentimos que nos cambiaron la vida
Cada cierto tiempo tenemos la suerte de tropezarnos con uno de esos libros que sacuden nuestra percepción de lo cotidiano; esos que nos hacen sentir, siquiera ilusoriamente, que nuestra vida ha cambiado de una forma que no sabriamos precisar. Son los que, mientras leo en el metro, por ejemplo, me hacen alzar la vista y ver con desdén la propaganda gubernamental, los anuncios publicitarios, lo inútil de los afanes inmediatos, y hasta ver con una serenidad poco habitual -casi distante- el circundante y ubicuo paisaje femenino. En la magia que despiertan nos hacen sentir la ambigua sensación de que todo es deleznable e infinitamente maravilloso a una vez. Nos despiertan, siquiera en algunos pasajes, un afecto y un respeto religiosos. O nos impiden controlar, en plena calle, lágrimas y carcajadas. No necesariamente son muy buenos. Ni técnicamente impecables. No son, en fin, los mejores que hemos leído. Sólo supieron despertar la magia, la duda ante la veracidad de la realidad. Sólo nos regalaron ese pasaje que nos hizo agradecer, maravillados, que hayan llegado a nuestras manos. Es quizá eso lo que agradecemos: que nos hayan regalado una ilusoria sensación de que la vida es otra y no esta. De que la vida no sólo es lo que es, sino además lo que puede ser.
En mi caso, durante los últimos dos años, algunos de los que entrarían en esa categoría (en mayor o menor medida) serían: El palacio de la luna, de Paul Auster (Anagrama); El enterrador, de Thomas Lynch (Santillana); Intérprete de emociones, de Jhumpa Lahiri (Booket); Falke, de Federico Vegas (Random House Mondadori) y El compromiso, de Serguey Dovlátov (Ikusager). De seguro hay otros. Esos son los que vienen de pronto a mi memoria.
Ante cada libro que abro por primera vez, cobijo la esperanza de poder ubicarlo en esa categoría.













A mi, durante estos dos últimos años –para tomar el mismo espacio de tiempo que tu tomas, también porque mi memoria es malísima – me cambiaron la vida: “La velocidad de la luz”, de Javier Cercas, “Los jardines de Kensington”, de Rodrigo Fresán, “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño (pero decir esto es ya un lugar común, creo que los detectives le han cambiado la vida a medio mundo, para bien o para mal: para odiar a Bolaño o para amarlo) Pero también hay libros pésimos que me han cambiado la vida para bien, porque después de leerlos me digo “que porquería, yo podría haber escrito algo mejor” y creo que eso me da coraje para seguir escribiendo. Tal vez suena mal esto último, pero es cierto: yo agradezco haber leído unos cuantos bodrios…
Comment by liliana lara — 28/08/2007 @ 8:15 am
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Comment by El Enigma — 28/08/2007 @ 11:41 am
Puede parecer superficial al principio, pero aunque la ciencia ficción suela ser considerada un género de segunda a veces hay verdaderas perlitas de sabiduría en ella. Los escritores de ciencia ficción son grandes sociólogos, al menos algunos de ellos.
Hace unos días terminé de leer por segunda vez “Ender el Xenocida” de Orson Scott Card, el tercero de la saga de Ender. Allí hay un planeta, Sendero, entre cuyos habitantes están los agraciados, aquellos que oyen la voz de los dioses, seres extremadamente inteligentes que obedecen ciegamente a sus dioses, los cuales les imponen ciertas penitencias para mantener su honorabilidad. Han Quing-Jao es una adolescente agraciada muy devota. Cuando se descubre que los agraciados en realidad tiene una mutación genética que los hace inteligentes y a la vez los hace sufrir de un cierto tipo de desorden obsesivo-compulsivo y encuentran la cura, Quing-Jao, a pesar de no volver a oir la voz de los dioses, sigue aferrada a su fe y continúa por su propia, libre y espontánea voluntad cumpliendo con las penitencias de los dioses. Y muere considerada una santa entre su gente.
La frase final del libro es memorable. Y me llegó muy adentro la fortaleza de espíritu de la chica, que cambió una enfermedad mental por fe ferdadera.
No es el libro el que te cambia la vida, creo yo, sino el libro adecuado en el momento adecuado de tu vida. La primera vez que lo lei fue sólo un libro más. Hoy fue algo muy profundo, que me sacudió el piso.
Besos
Su
Comment by Susana Sussmann — 28/08/2007 @ 12:37 pm
Es difícil para mí hacer esta lista si no la circunscribo al mismo período de tiempo. Los libros que me han marcado han sido muchos, pero en los últimos dos años la lista es muy similar a la tuya Héctor. Paul Auster de primero con El palacio de la luna. No puedo decir lo mucho que me movió el piso este libro el año pasado. Ya lo he releido un par de veces y sigue emocionándome. También está Interprete de emociones de Jumpa Lahiri, particularmente el cuento “Una cuestión temporal”, seguidos de El enterrador de Thomas Lynch y El compromiso de Dovlatov, del que incluso no resistí la tentación y escribí algo. Pero mi lista incluye un libro de Enrique Muñoz Molina, Plenilunio, que tal vez no está entre sus mejores libros, pero que fue motivo de muchas reflexiones. Y para cerrar, pues no me queda sino estar de acuerdo con Liliana, Bolaños y Los detectives salvajes, a pesar de las polémicas.
Gracias por el ejercicio de memoria. No cabe duda que han sido un par de años de mucho provecho.
Comment by Lennis — 28/08/2007 @ 3:57 pm
Bueno, a riesgo de caer en el (temido) lugar común, coincido con Liliana y Lennis en que Los detectives salvajes fue uno de esos libros que me envolvió en su propia aventura. Por supuesto, es tan largo que inevitablemente tiene pasajes aburridos. Aunque, como dice Liliana, en estos tiempos puede ser tan mal visto leer a Bolaño como no leer a Bolaño, dependiendo del bando. Ahora, que me perdone Fleján (uno de los bolañistas más furiosos que conozco), pero esa magia que me produjo Los detectives Salvajes no me la produjo ni Amberes ni Llamadas telefónicas, los otros dos que he leído de él. De los demás no sé, pero normalmente esa conexión se produce con el libro en particular, no con la obra de un autor. Porque en eso Susana debe tener razón: no se trata del libro, sino de la conjunción del libro con el momento de tu vida.
Comment by Héctor Torres — 28/08/2007 @ 4:38 pm
Me parece un ejercicio magnífico. Voy a proponerlo en las Argonáuticas. Por lo pronto, le doy vuelta a esa manivela algo morosa que es el resorte de la memoria… sale esto, sin ningún orden:
Algunos cuentos de la Antología del cuento norteamericano de Richard Ford.
La lectura de la versión anotada del Lolita de Nabokov en inglés.
El intérprete de emociones (o de enfermedades, para serle fiel al título original) de Jhumpa Lahiri.
Ciertos cuentos dispersos en la red, de Lorrie Moore.
La vida de Edgar Mint, de Brady Udall.
Es duro, pero justo ahora me doy cuenta que se trata de un listado realmente pitiyanqui. Qué se le va hacer.
Abrazo por allá, panita.
Comment by aka rcoll — 28/08/2007 @ 9:45 pm
¡Horror! Me haces caer en cuenta que mi lista está conformada por tres autores del imperio, un ruso que escribe un alegato antitotalitarista, un mantuano criollo y, de bonus, incluí al incómodo aquel que declaró (con respecto al funcionariato cultural venezolano), que “Mi paciencia frente a los neostalinistas (o frente a los mafiosillos o frente a los estómagos agradecidos) no es grande”. No luce muy patriótica que digamos. Que no se enteren en la mesa de redacción de A viva voz.
Comment by Héctor Torres — 28/08/2007 @ 10:22 pm
Héctor, el Demian de Hesse, el Jardinero de Tagore, Hamlet de Shakespeare, El Principito de Saint Exuperi, Los Heraldos Negros de Vallejo, muchos otros, sobre todo La Nueva Tierra escrito por Josefina Chacín y todos sus libros. Por supuesto, los Evangelios. Gracias por tu escrito, que me impulsó a hacer un recuento.
Comment by Carmen Cristi Wolf — 28/08/2007 @ 10:24 pm
Me sumo al ejercicio. En lo personal, y achicando el período de dos años (que me parece demasiado extenso, yo lo acotaría a los últimos meses), definitivamente está en un primer lugar Hanif kureishi con “Mi oído en su corazón”, “Intimidad” y “El buda de los suburbios”. Exactamente en ese mismo orden.
Del resto, mi pana, sólo felicitarte por este nuevo espacio.
Un gran abrazo
Gustavo.-
Comment by gustavo valle — 29/08/2007 @ 2:24 am
Gracias Carmen Cristina y Gustavo por sus visitas. Como dice Cortez: a los amigos se les adeuda la ternura.
Comment by Héctor Torres — 30/08/2007 @ 2:44 am
Este es un excelente tema y agradezco que me haya hecho recordar mis viejos amigos que me acompañaron en muchos dias solitarios. Mi lista ya va casi en 20 libros y sigue creciendo asi que no voy a gastar su espacio mencionandolos a todos.
Comment by BeelzebuDasHell — 30/08/2007 @ 6:57 am
Amigos, me emociona oírles decir que Dovlatov les cambió la vida en estos dos años.
Ahí van los míos; 2666, Bolaño; El compromiso y Los nuestros, Dovlatov (A ver si les consigo uno de Los nuestros); la república mundial de las Letras, de Pascal casanova.
Coño, es muy complicado hacer una lista así…
Saludos y un gran abrazo,
Subal
Comment by subal — 30/08/2007 @ 2:06 pm
Bueno, gracias por la visita. Ya sabemos que el asunto se ramifica hacia http://chavezoides.blogspot.com/.
Subal, ese libro de Dovlatov fue toda una revelación. No conocía ese autor hasta que lo pusiste en nuestras manos. Ojalá nos puedas conseguir Los nuestros. Sé que debe ser tan bueno como El compromiso. Trata de leer el texto mencionado de Lynch. Un abrazo.
Comment by Héctor Torres — 30/08/2007 @ 5:05 pm