Carroll dice que son de azúcar y canela
Querida Gertrude:
¿Sabes una cosa? Ya no se pueden enviar besos por correo: el paquete pesa tanto que resulta muy caro. Cuando el cartero me trajo tu última carta, me miró con aire severo y me dijo: «Tiene que pagar dos libras, señor. Exceso de peso». (Creo que me tima. Siempre me hace pagar dos libras cuando deberían ser dos peniques.) «¡Por favor, señor cartero». le dije hincando gentilmente una rodilla en tierra (tendrías que haberme visto arrodillándome delante de un cartero; es una imagen muy bonita), «perdóneme por esta vez! Es de una niña.» «¿De una niña?», gruñó, «¿y qué tienen de especial las niñas? «Que son de azúcar y canela», empecé a decir, «y de todo lo que…» Pero él me interrumpió: «¡No me refiero a esto! Quiero decir qué tienen de bueno las niñas que mandan cartas tan pesadas». «La verdad. no mucho, francamente», dije yo con tristeza.
«Procure no recibir más cartas como ésta», dijo él, «al menos, que no sean de esta niña. La conozco bien y es bastante mala.» ¿Verdad que no es cierto? No creo que te haya visto siquiera. Y tú no eres mala, ¿o sí? Con todo, le prometí que nos escribiríamos muy poco. «Sólo dos mil cuatrocientas setenta cartas», le dije. «¡Ah!», dijo él, «si son tan pocas no tiene importancia. Lo que yo quise decir es que no escribiesen “muchas”.»
Ya ves, a partir de ahora tendrás que llevar la cuenta y, cuando lleguemos a la dos mil cuatrocientos setenta, no nos escribiremos más, a menos que el cartero nos dé permiso.
Tu querido amigo, Lewis Carroll
Carta enviada a Gertrude Chataway, el 9 de diciembre de 1875
En Niñas (Cartas y fotografías), de Lewis Carroll (Lumen)














¡Qué belleza de carta, Héctor! Gracias por compartirla. Yo he leído a Carroll, pero jamás lo había hecho con sus cartas.
Besos
Su
Comment by Susana Sussmann — 30/08/2007 @ 11:09 am
Bueno, el tono, la atmósfera de la carta toda es de una perversa, de una sutil ternura, de una sublimación de los apetitos, que hace que sea tan conmovedora. Nos hace compadecernos de su sufrimiento. Más que bella, es inquietante. Carroll adoraba fotografiar niñas, y escribirles cartas. Y buscar mecanismos para acariciarlas (para llegar a ellas) sin tocarlas. Eso le estaba prohibido.
Es el padre de los que repararon en que las nínfulas son mujeres. Pequeñas sí, pero mujeres al fin.
Comment by Héctor Torres — 30/08/2007 @ 4:41 pm
Me imagino que una niña no tendría la malicia suficiente como para entender eso, pero ¿y las madres? ¿Los padres? A mí siempre me pareció cuando menos extraño que se le permitiera pasar tanto tiempo rodeado de niñas. Pero bueno, supongo que antes la gente era menos… mal pensada que hoy. Y supongo también que no soy capaz de ver el pasado sin los prejuicios del presente.
Comment by Susana Sussmann — 1/09/2007 @ 12:10 am
esta muy lindo yo lei en un libro de primaria y no estaba completo pero lo que no logro asimilar es a el le gustaban las niñas ? osea era un pervertido y la niña era una mala amistad ? son preguntas que no logro distinguir.
Comment by sonia — 28/02/2008 @ 3:53 am
Es obvio que Carroll sentía una verdadera e intensa atracción por las niñas en TODOS sentidos, así nació y así murió. La maravilla radica en la sublimación de sus sentimientos en un torrente de creación genial en vez de en una conducta destructiva.
Amaba a las niñas y nunca hizo nada para hacerlas sentir ni mínimamente mal, por el contrario, se dedicó a hacer que sus vidas fueran lo más felices posibles a su lado. Por eso se le permitía pasar tiempo con sus decenas de amiguitas durante su existencia entera.
Esta preciosa cartita es un excelente ejemplo de que una persona puede amar de un modo tan puro y abnegado que pocas personas en el mundo lo podrían comprender.
Comment by Alberto Anders — 18/03/2008 @ 5:07 am
Qué comentario tan agudo y preciso, Alberto. Me parecía tan simple el comentario prejuiciado que se me hacía difícil dar una respuesta que diera con aquello que está más allá de las dicotómicas visiones de bueno-mal.
“Amaba a las niñas y nunca hizo nada para hacerlas sentir ni mínimamente mal, por el contrario, se dedicó a hacer que sus vidas fueran lo más felices posibles a su lado”, es el quid del asunto, no lo que él sintiera por ellas. Hay gente adulta que se escandaliza con esas ideas, y sin embargo es capaz de hacer mucho daño a otras personas adultas.
Saludos y gracias por tu inteligente comentario.
Comment by Héctor Torres — 19/03/2008 @ 3:08 pm
Al contrario, muchas gracias por la excelente información mostrada. Carroll ya se la pasó bastante mal por una condición del que él no tenía la culpa, supo salir adelante pese a ello y lo mejor, obtuvo de ello un motivo para ofrecer a la humanidad uno de los mejores regalos que se podrían desear.
Así que lo mejor que podemos hacer es tenerlo en un gran respeto, cariño y admiración.
Comment by Alberto Anders — 29/03/2008 @ 8:15 am
Yo creo que las niñas sí tenemos la sensibilidad para entender la hermosura de un sentimiento como el de Carroll hacia nosotras.
A mi me hubiera gustado ser amada y admirada de esa manera, porque debo desir que no todos los ninfulómanos tienen la delicadeza de Carroll para expresarnos lo que en ellos probocamos; a mí al menos no me a tocado uno así de tierno. Bueno, conosí a uno algo así, cuando tenía 8 años; para él y para mi era un deleite cuando bajábamos las escaleras del colegio mientras él cargaba mi bolsón, también le guastaba jugar con mi astucia y que así yo le sacara las respuestas de las pruebas que él hacía.
Un abrazo enorme Sr. Carroll.
Yo Angelita.
Comment by Angel — 23/04/2008 @ 5:04 pm