Un viaje a la semilla
El viaje parece ser el ámbito natural de la novela. El elemento conductor de una aventura, cuya dimensión rara vez viene dada por su extensión. La palabra transitar, al contrario, remite a la idea de pasar de un estado a otro. Por ello hay viajes insignificantes en longitud que producen enormes desplazamientos en sus protagonistas. E incluso historias con viajes aparentemente fallidos que generan situaciones determinantes. Con uno de estos gestos engañosamente inútiles se inicia Historia de una segunda vez (John Lange, 2006), novela corta de Federico Vegas, uno de los narradores venezolanos más sólidos de la actualidad.
Historia de una segunda vez comienza cuando el protagonista, un adolescente con ansias de emancipación, rompe con su padre para irse de casa con la irrevocable decisión de dar comienzo a su vida de escritor. El brevísimo viaje, la brevísima autonomía, la nula producción literaria durante la emancipación, y el regreso en clave de derrota, son el comienzo del viaje real del personaje, luego de la pequeña elipse que culminó en la sala de espera de un psiquiatra.
Y ese personaje desorientado y genuinamente veinteañero hará un segundo viaje, aferrado esta vez al afecto de las únicas personas capaces, sino de entenderlo, seguramente sí de quererlo, que es una forma superior de la comprensión: su madre, la secretaria del “psico”, las novias y hasta la mamá de una de ellas. Solitario en su especie, sobrevivió gracias a la cercanía del eterno extraño. Ese cruce a nado a través del lago de su locura, sólo era posible alimentado por el amor. El amor como hogar (”Desde el principio no quise aceptar todo lo que tenías de hogar definitivo”), el amor como flujo continuo (Aprendimos […] a levantarnos todas las mañanas frotándonos los pies sin saber cuál era el de quién; y hasta faenas de más mérito, como oírla llorar sin que nada me contara y aceptar que había algún otro amor en nuestros pasados y futuros), y el amor como redención.
Durante ese segundo viaje (con visos más bien de alto en el camino), encuentra fuerzas para culminar por fin el recorrido inicialmente fallido. “Comenzaba a darme cuenta de que escribir es el penúltimo de los refugios, justo al borde del colapso y el absoluto fracaso”, cavila durante la peregrinación en la cual dará con la clave para culminar la faena: su propia maduración, para la cual requirió de todos sus dolores y sus errores, de sus dudas y equivocaciones.
Vegas aborda cualquier tema con una exacta mezcla de gravedad y sentido del humor (que es como decir, asombro y sospecha), que le permite cavar profundo, rozando enfoques que se libran del mero sentimentalismo, encontrando respuestas a sus preguntas. Durante ese proceso de conocerse a sí mismo, el personaje da con la definitiva redención cuando concluye que “sólo si creemos que el verbo tiene la capacidad de redimirnos, de confesar nuestros pecados, de perdonar los del prójimo, de unirnos a las personas que amamos y odiamos, tiene sentido escribir”.
Llegado a esa conclusión, sobran las palabras. El viajero culminará su definitivo recorrido, y el lector se sentirá agradecido de haberlo acompañado en silencio.
Sobre Historia de una segunda vez, de Federico Vegas (John Lange Editores)
Publicado originalmente en la Revista Veintiuno (3.14)













Excelente Blog la verdad me llama mucho la atención….
Hace poco empecé el mío
Se llama Bonjour Quebec
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Cualquier cosa estoy a la orden
Saludos y Éxito en la vida…
Alain
Comment by alain — 14/09/2007 @ 2:46 pm