El hombre padece de una remota incapacidad para convivir con otras especies, lo que ha devenido en una intolerancia hacia lo distinto. El nicaragüense Sergio Ramírez se asoma en este asunto en El reino animal (Alfaguara, 2007), su más reciente libro de cuentos, en el que amplía el rango de distintos a viejos y niños de la calle, por nombrar algunos. Combinando ficción con notas de prensa, Ramírez aborda el tema desde la distancia del que no debe interferir en las historias.
Para los protagonistas del libro, la lucha por la supervivencia no es un asunto fácil. Deben sobrevivir a los constantes atropellos de los hombres, a su potestad de juzgarlos, a su soberbia. Esta situación conlleva al desconocimiento del otro en su condición de prójimo. Y esto, a un desconocimiento de su propia condición humana.
El prejuicio hace ver como salvajes a los animales y como despiadadas a sus leyes, que son dictadas por la lógica del instinto. Los hombres, que producen leyes desde la razón, igual las infringen con esos primitivos instintos de los que pretenden alejarse. De allí que se vea tan brutal su comportamiento cuando falta a sus leyes, como lo muestra Mañana de domingo, crudo relato en el que los pobladores de una costa tasajean viva, sin remordimiento, a una ballena encallada.
Es en este tipo de cuentos (donde pone de manifiesto el fracaso del hombre al deslastrarse de su condición natural, e ilustra las contradicciones entre su acción y su razón) en los que Ramírez alcanza los momentos más emotivos del libro. Como en Lejos de la manada, la historia de un viejo y empobrecido ex-casanova que termina sus días en la casa de un sobrino. O en Caballero elegante, que se vale de la crónica del trato dado a un raterillo para mostrar la hipocresía de los valores instituidos, el salvajismo de nuestra lógica defensiva.
El reino animal es, paradójicamente, un libro donde los protagonistas de fondo son los humanos, que sólo podrían ratificar tal condición en el trato dispensado a los que están en desventaja. Al no hacerlo, se degradan a una condición muy inferior a la de esos animales que someten y juzgan. Leyendo sus cuentos, se siente que el hombre perdió la humildad necesaria para entenderse con los demás. Y consigo mismo.
Sobre El reino animal, de Sergio Ramírez (Alfaguara)
Publicado originalmente en la Revista ¡Claro! (Nro. 37)