El subrayado es nuestro

31/10/2007

La vida según el cine (de Hollywood)

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual - Héctor Torres @ 11:56 am

El cine y la televisión devoran más talento e imaginación que mil minotauros. Ambos medios necesitan la auténtica originalidad del novelista, pero sólo la aceptan debilitada: si piensas, te vas a la calle, como mínimo. Una vez me entrevisté con un famoso productor de Hollywood que me dio una lista de «lo que no les gusta a los americanos». Han hecho estudios de mercado y lo saben. A los americanos no les gustan las películas con paisajes nevados. A los americanos no les gustan las películas con granjeros. A los americanos no les gustan las películas en las que los protagonistas de la historia sean extranjeros. La lista seguía, pero dejé de escuchar porque la película de la que yo había ido a hablar trataba del primer invierno en Iowa de una familia de inmigrantes vietnamitas.

En Para ser novelista, de John Gardner (Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja)

26/10/2007

La madurez

archivado bajo la categoría Lectura reciente, Cita textual - Héctor Torres @ 1:54 pm

Si el pasado es la provincia a la que regresan los mayores y el futuro es la que sueñan los niños, el nacimiento y la muerte son los océanos que las contienen. Y la madurez es el momento entre los dos, la frontera en la que parece que podríamos tomar cualquier rumbo, cuando nuestra vista es igual de buena hacia ambos lados. Estamos menos llenos de nostalgia que de asombro. Tememos menos y nos preocupamos más. Éstos son sólo algunos de los síntomas. Los viejos escriben memorias, los jóvenes hojas de vida. En la madurez llevamos una especie de diario que siempre comienza con una discusión sobre el clima. El presente es donde vivimos, equidistante de nuestro nacimiento y de nuestra muerte. Consideramos a nuestro cónyuge del momento tan atractivo como el recuerdo de nuestro primer amor o las fantasías sobre culos firmes y estómagos planos de los anuncios de ropa interior de las revistas.

En El enterrador, de Thomas Lynch (Alfaguara)

25/10/2007

Epístolas en tiempo real

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual - Héctor Torres @ 1:43 pm

A: Rector
De: Ministro de Cultura
Asunto: Dra. Ysabeau de Vassy
Fecha: 2 de enero de 2003

Estimado Georges:
Vuelvo a pedirte un favor relacionado con la Abadía de Aurillac. Como te dije antes, varios catedráticos de La Sorbonne llevan a cabo un importante estudio para la oficina del Presidente. Entre los profesores, como es natural en pleno siglo XXI, tenemos a una de las más prestigiosas historiadoras de Francia: la doctora Ysabeau de Vassy, docente de la Sorbonne. Miembro de la Academia de Historia y autora de famosísimos libros sobre la Ilustración, la Encyclopedie y la Revolución. Sin dudas ya la conoces.
Ella necesita ingresar a la Abadía para examinar unos objetos junto con el doctor de Luziers, quien ha entrado gracias a tu intervención. ¿Podrías ayudarme otra vez?
Cordialmente,
Vincent

Vincent Nuttin
Ministro de Cultura
República Francesa

*

A: Ministro de Cultura
De: Rector
Asunto: Dra. Ysabeau de Vassy
Fecha: 7 de enero de 2003

Estimado Vincent:
Tu petición me parece razonable. Por ello, amigo mío, he movido cielo y tierra.
Hablé con colegas del Instituto. Hablé con Su Excelencia, con el Superior Benedictino de fray Víctor y con varios jerarcas más, cercanos al Abad. Pero hay un problema inconquistable: durante más de mil años no ha entrado una sola mujer a la Abadía de Aurillac. Fray Víctor y sus frailes están en pie de guerra, y no exagero: antes de que entre una mujer preferirían pegarle fuego a la biblioteca, a la Abadía y a sí mismos. Han expresado muy claro el hecho de que eligen inmolarse antes que ceder. Además, cuentan con la comprensión (y el apoyo implícito) del Superior y de Su Excelencia.
Por tanto, Vincent, lamento informarte que no veo ninguna forma en que la doctora de Vassy pueda ingresar a la Abadía. Tendría que ordenarlo el Papa en persona, y luego habría que entrar sobre los 54 cadáveres de los frailes.
Tú sabes que siempre cuentas y contarás con mi apoyo. Además de amigo, secuendo al cien por ciento tu labor de rescate de la cultura francesa. Pero, aunque yo hubiera preferido nunca tener que decirle “no” al ministro de Cultura de Francia, en esta ocasión tengo las manos atadas y no encuentro modo de ayudarte. Perdóname.
Cordialmente,
Geroges

Dr. Georges Ségur
Rector
Institut Catholique de París

Una intriga histórica en torno a una investigación llevada a cabo tras la búsqueda del corazón de ese genio francés que se dio a conocer como Voltaire, supuestamente exhibido en la Biblioteca Nacional de París. Un ejercicio de ese sano derecho a la duda. Una pugna entre la Academia de Historia y la Iglesia, por unos restos hallados en una Abadía francesa. Una lectura que atrapa desde la primera línea. Una novela ágil y amena que utiliza exclusivamente correos electrónicos para contarse. Un interesante juego entre el lenguaje oficial y el más íntimo lenguaje empleado en los correos electrónicos. Una notable exhibición de destreza para asumir las diversas voces en juego en el hilo de la trama. Un autor puertorriqueño especializado en un género que prefiere llamar historia trocada. Una novela y un autor altamente recomendables: El corazón de Voltaire, de Luis López Nieves (Norma)

24/10/2007

El cuento es una esfera

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Sobre poética - Héctor Torres @ 12:33 pm

Mientras la novela es un continuum, por necesidad, capítulo a capítulo, el cuento puede escapar en algo a esta obligación y funcionar exactamente en los términos de cualquier emoción requerida.
El cuento finalmente no tiene un tiempo. O no lo tiene aquí. Su forma, si es que uno se detiene tanto en ella, es una esfera, un huevo endurecido. La única razón posible para su existencia es que tiene, en sí mismo, el hecho y la presión de la realidad. Ahí, en breve, está su forma, no importa cuán fortuito y fragmentado pueda parecer. Los viejos postulados de principio y final -esas premisas tan nítidas- se han derrumbado completamente en un lugar donde la única realidad es la vida, el único final (nunca realizado) la nmuerte y el único valor, el amor que uno pueda procurarse.
Es imposible pensar de otra manera, o al menos yo, así me parece. Empiezo donde puedo y termino cuando veo que todo comienza a regresar.

Robert Creeley, en el prefacio de The gold diggers

23/10/2007

Instinto animal

archivado bajo la categoría Reseñas cortas - Héctor Torres @ 3:33 pm

El hombre padece de una remota incapacidad para convivir con otras especies, lo que ha devenido en una intolerancia hacia lo distinto. El nicaragüense Sergio Ramírez se asoma en este asunto en El reino animal (Alfaguara, 2007), su más reciente libro de cuentos, en el que amplía el rango de distintos a viejos y niños de la calle, por nombrar algunos. Combinando ficción con notas de prensa, Ramírez aborda el tema desde la distancia del que no debe interferir en las historias.
Para los protagonistas del libro, la lucha por la supervivencia no es un asunto fácil. Deben sobrevivir a los constantes atropellos de los hombres, a su potestad de juzgarlos, a su soberbia. Esta situación conlleva al desconocimiento del otro en su condición de prójimo. Y esto, a un desconocimiento de su propia condición humana.
El prejuicio hace ver como salvajes a los animales y como despiadadas a sus leyes, que son dictadas por la lógica del instinto. Los hombres, que producen leyes desde la razón, igual las infringen con esos primitivos instintos de los que pretenden alejarse. De allí que se vea tan brutal su comportamiento cuando falta a sus leyes, como lo muestra Mañana de domingo, crudo relato en el que los pobladores de una costa tasajean viva, sin remordimiento, a una ballena encallada.
Es en este tipo de cuentos (donde pone de manifiesto el fracaso del hombre al deslastrarse de su condición natural, e ilustra las contradicciones entre su acción y su razón) en los que Ramírez alcanza los momentos más emotivos del libro. Como en Lejos de la manada, la historia de un viejo y empobrecido ex-casanova que termina sus días en la casa de un sobrino. O en Caballero elegante, que se vale de la crónica del trato dado a un raterillo para mostrar la hipocresía de los valores instituidos, el salvajismo de nuestra lógica defensiva.
El reino animal es, paradójicamente, un libro donde los protagonistas de fondo son los humanos, que sólo podrían ratificar tal condición en el trato dispensado a los que están en desventaja. Al no hacerlo, se degradan a una condición muy inferior a la de esos animales que someten y juzgan. Leyendo sus cuentos, se siente que el hombre perdió la humildad necesaria para entenderse con los demás. Y consigo mismo.

Sobre El reino animal, de Sergio Ramírez (Alfaguara)
Publicado originalmente en la Revista ¡Claro! (Nro. 37)

22/10/2007

Sólo el carácter te mantendrá en el camino

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual - Héctor Torres @ 11:53 am

Según lo explica en el prólogo de este libro, Raymond Carver se mudó a California procedente de Washington, con el deseo de matricularse en el Chico State College y hacerse escritor. Allí se inscribió en una asignatura llamada Escritura Creativa 102, que la daría un nuevo miembro docente de la facultad llamado John Gardner, “que llegaba rodeado de cierto misterio y un aire novelesco”, como afirma Carver. Luego de muchos años dictando este tipo de cátedras, surgió el presente libro. Entre las diversas recomendaciones y trucos que ofrece está este maravilloso párrafo dedicado a darle ánimo al joven aprendiz de novelista para momentos en que se desanima y se pregunta si estará haciendo lo correcto.

Según mi propia experiencia, no hay nada más duro para el aprendiz de escritor que superar la ansiedad que le produce pensar que se está engañando a sí mismo y tomando el pelo a su familia y a sus amigos o haciendo que se avergüencen de él. Para la mayoría de la gente, incluso para quienes no leen excesivamente, el ser escritor tiene algo especial y vagamente mágico, y les cuesta creer que alguien a quien conocen personalmente -y bastante corriente en muchos aspectos- pueda serlo. Suelen sentir por el joven escritor una mezcla de cariñosa admiración y de lástima, ya que les parece que el pobre es un inadaptado. Que yo sepa, ninguna actividad humana requiere más tiempo que escribir, y es muy raro que alguien llegue a ser un escritor de renombre sin pasar varias horas al día sentado frente a la máquina. (Incluso al profesional de éxito le puede costar un rato entrar en stiacuión; se tarda horas en escribir unas cuantas páginas en borrador, y muchísimas en revisarlas hasta dejarlas en condiciones de poderlas leer varias veces sin retocarlas.) Por necesidad, el escritor, a diferencia de algunos de sus amigos, no deja de trabajar a las cinco; si tiene mujer e hijos, no puede dedicarles tanto tiempo como su vecino a los suyos, y si es digno de su profesión, se siente culpable por ello. Debido a la dificultad que entraña su arte, el escritor no prosperará tan notoriamente como lso demás: mientras sus amigos de colegio o de la unviersidad se convierten en socios de prestigiosos despachos de abogados o abren sus propias funerarias, él puede estar aún sudando su primera novela. Incluso habiendo publicado uno o dos relatos en revistas acreditadas, el esctiro duda de sí mismo. En lso años que he pasado dedicado a la enseñanza una y otra vez he visto a jóvenes escritores con talento evidente mortificarse casi hasta el anquilosamiento por creer que no cumplían con sus obligaciones familiares y sociales, por creer -aún habiendo conseguido publicar varias narraciones- que estaban haciendo castillos en el aire. Cada negativa por parte de un editor es un chasco tremendo, y un discreto comentario de apremio por parte de algún familiar -«¿No te parece que ya va siendo hora de que tengáis un hijo, Martha?»- puede desatar una crisis. Sçolo la fortaleza de carácter, reforzada por el aliento de los pocos que creen en él, permitirá al escritor superar esta mala época. El escritor debe convencerse como sea de que se toma en serio la vida, tan en serio que está dispuesto a correr grandes riesgos. Debe encontrar la forma -con humor malicioso o de cualquier otra manera- de repeler lso ataques que con buena o mala intención se le dirigen.

En Para ser novelista, de John Gardner (Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja)

19/10/2007

Vargas Llosa y los jóvenes novelistas

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual, Sobre poética - Héctor Torres @ 3:34 pm

Algunos fragmentos tomados de Las cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa. El último fragmento encierra una clave importnate para el desarrollo del novelista:

Sólo quien entra en literatura como se entra en religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un escritor y escribir una obra que lo trascienda.

No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción.

La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio.

En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no existe en el dominio literario.

La ficción es, por definición, una impostura -una realidad que no es y sin embargo finge serlo- y toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de unas técnicas de ilusionismo y prestidigitación semejantes a las de los magos de los circos o teatros.

En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas.

El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance el éxito: las listas de bestsellers están llenas de muy malos novelistas).

18/10/2007

La tecnología no está siendo usada de manera adecuada

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual - Héctor Torres @ 1:29 pm

Observo los niños jugando con gadgets electrónicos y no siempre comprendo bien qué está sucediendo. Ya cuando algunos expertos en ciencia ficción hablaban del futuro que le espera a la raza humana en los próximos cien años, entendía apenas la mitad. Lo cierto es que la tecnología no está siendo utilizada de manera adecuada. Esos niños de los que le hablo no pueden articular una frase larga, mucho menos leer un libro. Siempre buscan más y más estímulo visual y sonoro. Son incapaces de sentirse cómodos en el silencio, y el sentido de memoria, que es tan importante, pierde cada vez más relevancia. Eso es muy grave.

Doris Lessing, tomado de la entrevista anteriormente citada, realizada por Edmundo Bracho.

17/10/2007

Lessing: la tensión es importante para un escritor

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual - Héctor Torres @ 6:06 pm

Creo que la tensión es particularmente importante para el escritor. Creo que la tensión es algo positivo para un niño que luego vaya a ser escritor porque desarrolla una capacidad de observación muy sensible y precisa. Soy demasiado emotiva para mi propio bien. Muchas cosas del transcurso de mi infancia en Rodesia, viéndolas hoy en día, a distancia, me dan horror: lo filisteo y obtuso de la sociedad blanca, el sufrimiento que uno veía alrededor como parte de una otredad, la indiferencia y los prejuicios de los colonos, incluyendo, lamentablemente, a mi familia. Me tuve que ir de ahí. Volví a recordar ese sufrimiento, esa tensión, a distancia, en Londres. Lo viví fuertemente cuando llegué a Londres, en 1947. Y es justo en ese entonces que empezó mi carrera como escritora

Doris Lessing, en entrevista concedida a Edmundo Bracho

16/10/2007

Lo que hace verosímil a la ficción

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual, Sobre poética - Héctor Torres @ 5:36 pm

Le preguntan a Adolfo Bioy Casares ¿Qué hace verosímil la ficción? Su respuesta es la siguiente:

[…] Un largo proceso de enredar al lector, de darle pruebas, falsas pruebas -somos una variedad de prestidigitadores y nos gustaría que nos tuvieran, como a ellos, por magos- de que eso ha pasado, de que yo no lo he visto pero lo vio otra persona que merece mi confianza y a quien por ver eso le pasó esto y aquello… Por un tejido de circunstancias conducimos al lector a aceptar lo que se lee. Me parece que en literatura lo fa´ntástico es aceptable. Escribiendo conseguimos que la gente crea cosas irreales. Es claro que no creen para siempre, creen mientras leen, y no creen del todo, sino en la medida necesaria y habitual para la lectura.

En Bioy Casares a la hora de escribir, por Esther Cross y Félix della Paolera (Tusquets Editores)

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