De barro, inexorablemente de barro
Cómo puedo explicarle todo este lío a Sama, cuando en su colegio solían gritar varias veces al día: «¡Larga vida a nuestro líder Saddam Hussein!» Y todos los niños aplaudían si se mencionaba el nombre del presidente. ¿Cómo le haré comprender que tiene que volver a la escuela cuando el gobierno de Saddam ha tocado a su fin? ¿Pero está muerto? No, eso no creo. Sama no entenderá nada, ella todavía responderá: «¡Amamos a Saddam, daremos nuestras vidas por él!» Es el resultado de un prolongadísimo lavado de cerebro. ¿Pero dónde está el sacrificio? ¿Dónde ha quedado la lealtad a Saddam? Sólo eran patrañas. Es como si hubiéramos estado enseñando a nuestros niños a decir y a creer en mentiras, en cosas que no existen.
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Papá una vez me dijo que en el año 1959 Saddam se había ocultado en la misma área, después de intentar derrocar el gobierno. Me pregunto si el agujero donde lo encontraron los estadounidenses era el mismo que utilizó en dicha ocasión. Lo han definido como un agujero de araña, pero para mí se asemeja más al agujero de una rata. Saddam se escondía como una rata. Según las noticias, se ha rendido sin oponer resistencia. ¿Es éste el hombre que nos pedía que lucháramos hasta la muerte?
En El diario de Thura, de Thura Al-Windawi (Ediciones B)















