Atención permanente
Pues esta era nuestra tierra y su milagro, a mis ojos juveniles, era que nada la mataba, ni la guerra ni la paz, ya que ambas pueden sofocar la vida que no es extremo de violencia o placidez, sino objeto de atención constante, estado de alerta para no caer en la destrucción ni en la abstención.
En Todas las familias felices, de Carlos Fuentes (Alfaguara)














