Frágil e ilusoria
Éramos como una pareja joven que acaba de mudarse a un nuevo piso; de pronto, habíamos tomado posesión de nuestros muebles, nuestra situación financiera y nuestro futuro, pero lo único que nos proporcionaba algún placer era el olor a limpio que llegaba de fuera, para recordarnos que estábamos vivos, pero que, en caso de apuro, no serviría para alimentarnos.
En Goodbye, Columbus, de Philip Roth (Debolsillo)














