El sometido siempre se convierte en el terror
Los Eloi, como los reyes Carolingios, habían decaído hasta convertirse en bellas futilidades. Poseían aún la tierra por tolerancia, pues los Morlocks, subterráneos durante sucesivas generaciones, habían llegado a encontrar la superficie diurna intolerable; y los Morlocks confeccionaban sus vestidos, infería yo, y les satisfacían sus necesidades habituales, debido tal vez a la sobrevivencia de un antiguo hábito de servicio. Lo hacían al modo como un caballo brioso agita sus patas, o como un hombre goza matando animales por deporte: porque antiguas y desuetas necesidades se lo habían impreso en el organismo. Pero, evidentemente, el antiguo orden se había ya en parte invertido. La Némesis de los delicados se acercaba con rapidez. Edades antes, miles de generaciones antes, el hombre había privado a su hermano de las facilidades y de la luz del sol. ¡Y ahora su hermano volvía cambiado!
En La máquina del tiempo, de H. G. Wells (Norma)















Épale Hector, soy un seguidor de tu blog y de ficción breve. Gracias por colocar a mi blog cambios de nombre entre los sitios recomendados, saludos.
Comment by El Turista — 26/06/2008 @ 6:38 pm