El subrayado es nuestro

23/02/2009

La novela es impura por excelencia

archivado bajo la categoría Sobre poética - Héctor Torres @ 8:20 pm

La novela de hoy se propone fundamentalmente una indagación del hombre, y para lograrlo el escritor debe recurrir a todos los instrumentos que se lo permitan, sin que le preocupen la coherencia y la unicidad, empleando a veces un microscopio y otras veces un aeroplano. Sería ridículo examinar un microbio a simple vista y un país con un microscopio. Esta es una de las fallas de los llamados objetivistas, y, en general, de todos los que intentan hacer ese descenso o viaje al fondo de la condición humana con un sólo vehículo: sacrifican la verdad y la profundidad al prurito del método único, cuando debe ser al revés; ya que nada en la novela debe hacer sacrificar la verdad. En definitiva, son decadentes, como sucede cada vez que se prefiere el cómo al qué

En El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sabato (Seix Barral)

14/02/2009

El huevo como definición de cuento y novela

archivado bajo la categoría Apuntes sueltos, Cita textual, Sobre poética - Héctor Torres @ 4:07 pm

Según él la revelación le llegó apenas esa mañana, frente a un plato donde lo esperaba relajado un huevo frito. “La claridad de su perímetro perfectamente definido (no olvidemos que Federico es tan arquitecto como escritor); su absoluta finitud y su indiscutible condición de ser exactamente lo que es retrata sin lugar a dudas al cuento. Intacto en su forma, llano en sus personajes”.
El “revoltillo” es, en cambio, la perfecta definición de la novela. Sus bordes irregulares dan cuenta de lo inasible de sus límites y su volumen caprichoso, de lo complejo de sus personajes.

Definición de cuento y novela según Federico Vegas, referido por Mitchele Vidal, en su blog http://www.imagenes-urbanas.blogspot.com/

9/02/2009

Observar la reverente lascivia que se merece

archivado bajo la categoría Cita textual - Héctor Torres @ 9:39 pm

Me gusta caminar siguiendo las curvas que deja el mar en la arena, avanzar entre el gentío que se baña y el que se reseca. A veces, a las tres de la tarde y a unos treinta metros de mi ruta, diviso la llegada de un grupo familiar. Parecen una escena bíblica que incluye padres, abuela, niños, sillas de extensión, cava y cesta de comida. Estoy de suerte. La madre está entre los treinta y los cuarenta. Ella es quien escoge el sitio, encaja el paraguas, abre las sillas, frota los niños con la crema para el sol, le quita los pañales al más pequeño, le da un sombrero de paja a la abuela, el periódico a un marido embotado por el ratón. Cuando todos están listos, ella se acuerda de que existe. Mira a su alrededor, se ubica en el mundo y desanuda una vaporosa tela naranja que se había enrollado en la cintura. Luego respira profundo y se quita la franela. Su cuerpo, expuesto, ahora irradia un pudor de fragilidad y valentía. Es bella, y lo sabe. Por unos cuantos segundos se ha desnudado sólo para mí, pues yo soy el único en toda la costa del Caribe que la ha observado con la reverente lascivia que se merece, Puede que hasta me regale una sonrisa, si sé guardar los rigurosos requerimientos de la brevedad y continúo mi camino, mientras ella vuelve a ser una madre más en bikini.

En Miedo, pudor y deleite, de Federico Vegas (Alfaguara)

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