La novela es impura por excelencia
La novela de hoy se propone fundamentalmente una indagación del hombre, y para lograrlo el escritor debe recurrir a todos los instrumentos que se lo permitan, sin que le preocupen la coherencia y la unicidad, empleando a veces un microscopio y otras veces un aeroplano. Sería ridículo examinar un microbio a simple vista y un país con un microscopio. Esta es una de las fallas de los llamados objetivistas, y, en general, de todos los que intentan hacer ese descenso o viaje al fondo de la condición humana con un sólo vehículo: sacrifican la verdad y la profundidad al prurito del método único, cuando debe ser al revés; ya que nada en la novela debe hacer sacrificar la verdad. En definitiva, son decadentes, como sucede cada vez que se prefiere el cómo al qué
En El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sabato (Seix Barral)















Buen punto sin olvidar el error de apreciación del instrumento.
Saludos,
AR
Comment by Angel Rivero — 25/02/2009 @ 10:14 pm
Hola Héctor, cómo estás? Te escribo porque tanto en el blogroll de mi blog como en el reader de google, cuando pongo tu blog me dicen que no encuentran feeds y por lo tanto no pueden informarme de actualizaciones. De pronto es algo de tu configuración, de pronto es la mía, pero te lo comento por si pueda estarte pasando con otras personas para que veas qué sucede. Un gran abrazo
Comment by Luis Alejandro Ordóñez — 9/03/2009 @ 3:06 am