Los nuevos puritanos
No, no es una religión. Aunque algo de religión hay en la literatura, después de todo. Se trata, más que de una agrupación, de un experimento. Según entiendo, dos escritores británicos (Nicholas Blincoe y Matt Thorne) de las más nuevas generaciones de narradores de ese país, reunieron a un grupo de autores de su generación, con los que coincidían en ciertos postulados estéticos, y les propusieron uan antología, con cuentos hechos para la misma, en la que se respetaran ciertas normas. Aunque cada uno de los autores invitados tiene sus propios dogmas estéticos y estilísticos, todos los cuentos presentes tiene algo en común: que el argumento, columna vertebral de la narración, aparezca desnudo de cualquier recurso estilístico. Es decir, la eliminación de todo lo que se considere artificioso en la creación de los relatos.
Para ello crearon el «Manifiesto de los nuevos puritanos». Repasado el manifiesto, concordé con algunos puntos y con otros no. Sea como sea, es un ejercicio interesante de observar, y una ocasión para conocer de qué va la más nueva narrativa británica.
MANIFIESTO DE LOS NUEVOS PURITANOS
1. Ante todo narradores, nuestro estilo es el narrativo.
2. Somos escritores de prosa y reconocemos que esta es la forma dominante de expresión. Por ello evitamos la poesía y la libertad poética en todas sus formas.
3. Pese a que reconocemos el valor del género de ficción, sea clásico o moderno, siempre nos dirigiremos hacia horizontes nuevos, destruyendo las expectativas del género existente.
4. Creemos en la simplicidad del texto y prometemos evitar todos los recursos estilísticos: retórica, incisos del autor.
5. En nombre de la claridad, reconocemos la importancia de la linealidad temporal y evitamos escenas retrospectivas, las narraciones temporales duales y los presagios.
6. Creemos en la pureza gramatical y evitamos toda puntuación elaborada.
7. Recenocemos que los trabajos publicados son también documentos históricos. Como fragmentos de la época, todos nuestros textos están fechados y transcurren en la actualidad. Todos los productos, lugares, artistas y objetos que aparecen son reales.
8. En nuestra calidad de representantes fieles del presente, nuestros textos evitarán toda especulación improbable o incognoscible sobre el pasado o el futuro.
9. Somos moralistas, por consiguiente todos los textos presentan una realidad ética reconocible.
10. Sin emabrgo, nuestro objetivo es la integridad de expresión, por encima y más allá de cualquier compromiso con la forma.
Más adelante reproduciré algunos comentarios que hacen los editores (Blincoe y Thorne) acerca de estos postulados. Algunos me parecen muy interesantes y dignos de seguir. Otros no tanto. El libro se consigue (al menos ahí lo conseguí) en Templo Interno, del Centro Plaza.
En Los nuevos puritanos (Debolsillo)
Sentir los dedos de Mario, mirar la franela mojada, la cálida ropa interior de algodón. Pensar en el arrebato hormonal de Gabriela, en su trasgresión y en el resurgir de sus propias cenizas: la de la culpa, la del goce, la del abandono, la del engaño. Escuchar la voz de Miguel advirtiendo en su parábola lo intrincado del túnel por el que se adentraba Mario, desde que vio su propio reflejo repitiendo una historia a través del otro en las miradas que las cervezas y el vino liberaban entre su amigo y Karla, la amiga de su hija Gabriela, en una mesa de su bar. Todas estas sensaciones abordan al lector, que con la respiración entrecortada, desplaza manos y ojos hedonistamente sobre La huella del Bisonte, tragando grueso, secándose los labios; transitando del placer a la indignación, de la aceptación al escándalo. Del descubrimiento a la sorpresa. Y viceversa.
Que el cuerpo de Anna Nicole haya recobrado su perdido esplendor -aunque quién sabe por cuanto tiempo- tiene algo de milagroso y es, de cierta manera, una epifanía. La rubia tonta ya no es noticia sólo por su negra fama de ángel caído. Ha logrado lo que no logró Marilyn Monroe con la ayuda de psiquiatras y barbitúricos: redimisrse de aquello que la hacía odiarse a sí misma, dejar de ser persona para convertirse en un objeto de culto. A diferencia de Marilyn, sin embargo, Anna Nicole nunca ha sido una criatura frágil, sino una arribista que entendió a la perfección las despiadadas reglas de la feria de las vanidades donde habita. En ella se observa una completa consubstanciación con su entorno. La languidez que la vimos padecer durante unos años -época en la que su himanidad se volvió cada vez más voluminosa- fue causada por su alejamiento de Hollywood. Ese conocimiento la separa de Marilyn y también, desde luego, de la inmortalidad.
Decir que la palabra salva, y que redime, puede sonar a oportuno cliché cuando la vida parece estar bajo control. Ahora, cuando se está al borde del abismo, cuando la belleza y el amor son nociones devastadoramente peligrosas, esa expresión toma su más profundo sentido. Incluso cuando la palabra conduce ideas ingenuas. O quizá, precisamente por ello, por la honestidad conque se presenta, es que la palabra puede ser una peligrosa esperanza o una verdadera ventana hacia la redención.
El hombre padece de una remota incapacidad para convivir con otras especies, lo que ha devenido en una intolerancia hacia lo distinto. El nicaragüense Sergio Ramírez se asoma en este asunto en El reino animal (Alfaguara, 2007), su más reciente libro de cuentos, en el que amplía el rango de distintos a viejos y niños de la calle, por nombrar algunos. Combinando ficción con notas de prensa, Ramírez aborda el tema desde la distancia del que no debe interferir en las historias.
El viaje parece ser el ámbito natural de la novela. El elemento conductor de una aventura, cuya dimensión rara vez viene dada por su extensión. La palabra transitar, al contrario, remite a la idea de pasar de un estado a otro. Por ello hay viajes insignificantes en longitud que producen enormes desplazamientos en sus protagonistas. E incluso historias con viajes aparentemente fallidos que generan situaciones determinantes. Con uno de estos gestos engañosamente inútiles se inicia Historia de una segunda vez (John Lange, 2006), novela corta de Federico Vegas, uno de los narradores venezolanos más sólidos de la actualidad.
El hombre construye ciudades para tener historia. La capacidad de generar artificios y la de fijar su historia, son dos de sus rasgos distintivos. Y aunque las edificaciones son los referentes de cada época, no sólo revelan momentos de la Historia. Guardan, además, su huella, sus impulsos vitales. Esa idea no deja de dar vueltas en De prófugos y fantasmas (Random House Mondadori, 2005), de Héctor Concari.













