La madurez
Si el pasado es la provincia a la que regresan los mayores y el futuro es la que sueñan los niños, el nacimiento y la muerte son los océanos que las contienen. Y la madurez es el momento entre los dos, la frontera en la que parece que podríamos tomar cualquier rumbo, cuando nuestra vista es igual de buena hacia ambos lados. Estamos menos llenos de nostalgia que de asombro. Tememos menos y nos preocupamos más. Éstos son sólo algunos de los síntomas. Los viejos escriben memorias, los jóvenes hojas de vida. En la madurez llevamos una especie de diario que siempre comienza con una discusión sobre el clima. El presente es donde vivimos, equidistante de nuestro nacimiento y de nuestra muerte. Consideramos a nuestro cónyuge del momento tan atractivo como el recuerdo de nuestro primer amor o las fantasías sobre culos firmes y estómagos planos de los anuncios de ropa interior de las revistas.
En El enterrador, de Thomas Lynch (Alfaguara)
Si el pasado es la provincia a la que regresan los mayores y el futuro es la que sueñan los niños, el nacimiento y la muerte son los océanos que las contienen. Y la madurez es el momento entre los dos, la frontera en la que parece que podríamos tomar cualquier rumbo, cuando nuestra vista es igual de buena hacia ambos lados. Estamos menos llenos de nostalgia que de asombro. Tememos menos y nos preocupamos más. Éstos son sólo algunos de los síntomas. Los viejos escriben memorias, los jóvenes hojas de vida. En la madurez llevamos una especie de diario que siempre comienza con una discusión sobre el clima. El presente es donde vivimos, equidistante de nuestro nacimiento y de nuestra muerte. Consideramos a nuestro cónyuge del momento tan atractivo como el recuerdo de nuestro primer amor o las fantasías sobre culos firmes y estómagos planos de los anuncios de ropa interior de las revistas.










